La buena noticia sobre cómo moverse por Praga es que, en muchos casos, no vas a necesitar hacerlo.

¿Por qué?

Porque Praga es una ciudad compacta. La mayoría de lo que vale la pena ver está concentrado en una zona que se puede recorrer a pie sin demasiado esfuerzo.

Si te alojas más o menos en el centro, hay días enteros en los que el transporte público ni lo vas a mirar.

Dicho esto, hay momentos en los que sí hace falta: llegar desde el aeropuerto, acercarse a Vyšehrad, subir al Monte Petřín o moverte entre barrios cuando las piernas ya no dan más después de una jornada intensa.

Para eso está una red de transporte público que funciona muy, pero que muy bien y sale muy barata.

Lo primero: cómo funciona el sistema de billetes en Praga

El transporte público de Praga es integrado. Un mismo billete vale para metro, tranvía, autobús y funicular.

No hay billetes por trayecto sino por tiempo, lo cual es cómodo una vez que lo entiendes.

El billete de 30 minutos cuesta 39 CZK —poco más de 1,50 euros—. Sirve para trayectos cortos de hasta 5 paradas de metro sin transbordo. Útil si sabes exactamente adónde vas y no necesitas combinar medios.

El billete de 90 minutos son 50 CZK —unos 2 euros— y permite transbordos ilimitados entre metro, tranvía y autobús durante ese tiempo. Es el más práctico para el día a día del turista.

Si vas a moverte bastante, los abonos salen claramente a cuenta. El de 24 horas cuesta 150 CZK —unos 6 euros— y el de 72 horas 350 CZK —alrededor de 14 euros—. A partir de tres viajes al día, el abono de 24 horas ya se amortiza.

¿Y los niños? Los menores de 15 años viajan gratis. Los mayores de 65, también.

Una cosa que no puedes olvidar: el billete hay que validarlo antes de usarlo, en las máquinas amarillas de las estaciones o en los tornos del tranvía. Si te pillan sin validar, la multa es de 1.500 CZK. Los revisores van de civil y aparecen cuando menos te lo esperas 😅

Los billetes se compran en las máquinas amarillas de las estaciones de metro —también en inglés—, en estancos y quioscos, o a través de la app oficial PID Lítačka. Con tarjeta contactless también puedes pagar directamente en las máquinas de los tranvías y autobuses modernos, sin necesidad de validar nada después.

Si viajas con maleta grande —más de 25x45x70 cm—, hay un billete de equipaje de 20 CZK por pieza. La mochila o bolso de mano no cuenta.

El metro en Praga: rápido y sin complicaciones

El metro de Praga es la forma más rápida de cubrir distancias largas dentro de la ciudad.

Tres líneas cubren los puntos principales: la A —verde— pasa por el corazón turístico con paradas como Staroměstská o Malostranská; la B —amarilla— es la más larga y cruza la ciudad de este a oeste; la C —roja— llega, entre otros sitios, a la estación central y a Vyšehrad.

Funciona todos los días de 4:45 a medianoche. En hora punta pasan trenes cada 2-3 minutos; fuera de ella, cada 5-10.

Hay algo que llama la atención la primera vez: las escaleras mecánicas de las estaciones del centro histórico son larguísimas y van rápido. Verlas desde arriba da un punto de vértigo que no te esperas 😅

Está en construcción una cuarta línea, la D, que se prevé operativa hacia 2029.

El tranvía en Praga: el transporte con más encanto

Si el metro es lo más práctico, el tranvía en Praga es lo más bonito.

Va por superficie, te deja ver la ciudad mientras te mueves y cubre zonas del centro histórico a las que el metro no llega.

La línea imprescindible para el turista es la número 22. Pasa por Malá Strana, sube hacia el Castillo de Praga, atraviesa parte de la Ciudad Vieja y llega hasta Vinohrady. Si en algún momento del viaje no sabes cómo llegar a alguno de esos puntos, el 22 probablemente pase cerca.

Los tranvías funcionan de 4:30 a medianoche en servicio diurno.

Por la noche hay líneas nocturnas —del 91 al 99— que cubren las rutas principales cada 30 minutos aproximadamente. Menos frecuentes, pero existen, y son muy útiles si sales de noche por barrios fuera del centro.

Entre semana y los fines de semana también circula el tranvía histórico número 41, que recorre los lugares más emblemáticos de la ciudad. Tiene billete propio —35 CZK que se pagan al conductor— y es más turístico que práctico, pero si te apetece la experiencia, merece la pena.

El autobús: para lo que no llega el metro ni el tranvía

Para el turista, el autobús tiene principalmente dos usos: llegar desde el aeropuerto y acceder a zonas periféricas.

Desde el aeropuerto, la opción más directa es el Airport Express, que conecta con la estación central —Hlavní nádraží— en unos 35 minutos por 100 CZK. También funcionan las líneas 119 y 100, más lentas pero más baratas, que enlazan con el metro.

De noche, cuando el metro cierra, los autobuses nocturnos cubren las rutas principales. Las líneas van del 502 al 514 y del 601 al 603, con una frecuencia de unos 30 minutos.

El funicular de Petřín

El funicular sube desde la parada de Újezd hasta lo alto del Monte Petřín, donde está la torre mirador que mencionamos en nuestra guía de Praga en 3 días.

Vale con el abono de transporte público de 24 o 72 horas. Con los billetes de 30 o 90 minutos no está incluido —cuesta 60 CZK aparte—. Funciona hasta las 23:30 y pasa cada 10-15 minutos.

Uno de esos transportes que son en sí mismos parte del plan del día 🚡

Uber, Bolt y taxis: cuándo tienen sentido, como ir del aeropuerto a Praga centro

Los taxis convencionales en Praga tienen fama ganada de intentar cobrar de más a los turistas, especialmente los que esperan en zonas muy turísticas o se paran en la calle.

La alternativa son Uber y Bolt, ampliamente usados en la ciudad. Precio cerrado antes de subir, sin sorpresas y generalmente más barato que un taxi convencional. También existe Liftago, la opción local equivalente.

Para el trayecto del aeropuerto al hotel con maletas, un Bolt o Uber suele salir por 15-20 euros dependiendo de dónde te alojes. Aquí tienes más información sobre dónde dormir en Praga por si aún no lo tienes decidido.

Si usas taxi convencional, elige siempre empresas reconocidas —AAA Taxi, City Taxi, Modry— y acuerda el precio antes de subir.

¿Y en bicicleta?

Praga no es la ciudad más ciclista de Europa, pero tiene opciones.

Rekola es el servicio de bicis compartidas más extendido. Escaneas el código QR, desbloqueas con la app y pagas por tiempo de uso.

El centro histórico tiene adoquines y cuestas que hacen la bici menos cómoda para visitar el Castillo o cruzar el Puente de Carlos en hora punta. Tiene más sentido para moverse por barrios más llanos como Vinohrady o Nové Město.

La opción más infravalorada para moverse por Praga: ir a pie

Dicho todo lo anterior, la forma que más se disfruta es caminar.

La Ciudad Vieja, el Puente de Carlos, Malá Strana, el barrio judío de Praga y los alrededores de Wenceslao están todos conectados por calles que merece la pena recorrer despacio.

El transporte público es para cuando las distancias ya no acompañan, el día ha sido largo o simplemente quieres llegar rápido a algún sitio concreto.

Con esto ya tienes todo lo que necesitas para moverte por la ciudad sin perderte y sin pagar de más en el intento. Y si alguien te pregunta cómo moverse por Praga, ya puedes contarlo tú 🚇